

Los animales pequeños y calmados como los conejos permiten tratar enfermedades como la lumbalgia y traumatismos musculares. Estirado en tierra cabeza abajo, el paciente puede estirar la columna. El conejo se coloca sobro de la espalda para redirigir la atención del dolor al conejo y acostumbrar a la postura recta. Estos ejercicios no sustituyen la fisioterapia o los tratamientos con fármacos, pero ayudan y mucho.
En ACZ no solo son expertos al tratar enfermedades físicas. Por ejemplo, en casos de violencia de género, la zooterapia puede conseguir que los afectados ganen en seguridad y autoestima, y recuperen la comunicación positiva maternofilial. También ayudan a desarrollar habilidades a adultos con discapacidad intelectual y niños con autismo. Con estos niños se trabaja para mejorar su comunicación, su fijación visual y su empatía, a través del role-playing, actuando cómo si fuera un depredador o una presa, cosa que los obliga a salir de su pequeño mundo. También se estimula la locomotricidad con ejercicios que los animan a andar como los animales, y la impulsividad haciendo, por ejemplo, que los niños griten a las cacatúas ninfa y esperen quietos hasta que ellas vayan.
En los casos de personas con Asperger y Síndrome Prader-Willi se trabajan las habilidades sociales. Un buen ejercicio es lanzarle al perro la pelota, en una secuencia de tres pasos: la investigación, puerta y premio. Es una secuencia predecible, siempre igual, los hace sentir seguros. Por eso tienen que ser cuidadosos y reprimir sus impulsos, el que los ayuda a trabajar la coordinación.

Fuera de la zooterapia, múltiples estudios apoyan a la teoría que los animales y la natura son beneficiosos para la salud. Veamos algunos:
Crecer en una granja con vacas y heno desarrolla el sistema inmunológico de los niños y reduce las posibilidades de desarrollar asma en un 26%.
Tener perros y gatos a casa reduce un 30% las infecciones respiratorias y un 50% las de oído.
Vivir con un perro o gato el primer año de vida reduce un 50% la probabilidad de la alergia a los mismos al llegar a la adolescencia.
Todas estas teorías “pro contacte animal” se dan por ciertas entre los profesionales, exceptuando casos de niños con asma o rinitis alérgica, con alergia a los ácaros del polvo o algún animal, quienes no tendrían que tener animales de pelo o plumas a casa. Estos serían los pocos casos en que los animales no mejoran la situación.